Reseña: "The Future of the Internet and How to Stop It"

Jonathan Zittrain, destacado profesor del Oxford Internet Institute y del Centro Berkman de Harvard, investiga desde hace años los modelos y dinámicas de gobernanza de internet, amenazas al desarrollo y crecimiento de la red (privacidad, malware, censura, etc.) y en este libro nos ofrece su visión de cómo puede virar el futuro de internet en las condiciones que hoy conocemos. El libro, de unas 330 páginas y tres partes, está muy bien escrito, excelentemente documentado con cientos de notas de referencia y mantiene una línea explicativa clara. Es fácil ir siguiendo el argumento, aunque por algunos tramos puede retornar a conceptos ya pasados. Por la misma formación y experiencia del autor, el libro está mas cerca de ser un texto académico que uno de divulgación general sobre la red y la tecnología. No obstante, el lector no especialista encontrará explicaciones y analogías muy sencillas y cotidianas para poder comprender los puntos y conceptos más importantes del libro.

Zittrain se pregunta: ¿Cómo será el futuro de Internet? ¿Seguirá estando la PC en nuestros escritorios, o quedará obsoleta como un gramófono?. Esta aparente lluvia de creatividad y libertad en la red. ¿Es sostenible, o genera silenciosamente una amenaza a toda la red en su conjunto? ¿Qué se necesita para sostener una red segura y abierta para la innovación y la participación de todos?

La génesis de la generatividad

Había una vez, hace mucho tiempo, en la historia informática, los ordenadores servían para una sola tarea, y programarlos era cuestión de especialistas y científicos experimentados. Las compañías tecnológicas de aquellos años (IBM, Westinghouse, entre otras) ofrecían el “servicio” de cálculo, gestión y mantenimiento de esos monstruos que ocupaban oficinas enteras. Todo estaba controlado, seguro y bajo cánones de seguridad estrictos. Estos equipos raramente estaban interconectados y sólo una legión de terminales “bobas” interactuaban con ella, mostrando datos de su nodriza.

El cisma tardó en llegar unos veinte años, allá por los primeros ochentas. Nacida en garajes y de padres amateurs ve la luz la PC, una pequeña caja que procesa. Un ordenador “personal” que incluía sin grandes inversiones y a un precio módico, poder de procesamiento. Aún más, podía utilizar una cinta de cassette como soporte y un televisor como monitor. El precio no era lo mejor que tenía para ofrecer, sino que lo mejor era que podía obedecer instrucciones. Se presentaba e increpaba al usuario con un cursor titilante esperando que le dijeran qué hacer. No se lo decía a científicos ni ingenieros, sino a gente tecnófila, en la sala o en el fondo de su casa.

Según Zittrain, aquí se abre el paradigma de la generatividad. Es la posibilidad de hacer y dotar de usos distintos a un equipo o dispositivo informático. Es hacer que haga, que procese, que calcule, que interactúe, que construya, que juegue, y por supuesto, que también falle. Por algunos pocos dólares podía conseguirse un dispositivo que interpretaba instrucciones y ejecutaba operaciones.

Del amanecer de la generatividad a la noche de los programadores domésticos hay un sólo paso: las ganas, la curiosidad y las ganas de innovar. Rápidamente se desarrollaron programas para diversas utilidades (procesamiento de texto, calculadoras, etc.) y las compañías de software hicieron su primavera. Todo cabía en esa pequeña caja que le ganaba de mano a los gigantes. Se abría una nueva era.

Pero esta nueva era es poco. Si se tienen dos ordenadores en una oficina lo primero que se nos ocurre es conectarlos entre sí. De esta manera llega la segunda ola de generatividad, y viene con la red Internet. En este caso el tsunami es más podersoso. Años antes, y emulando esos mainframes propietarios, aparecieron los walled-gardens de las telcos y empresas de medios que ofrecían a sususcriptor todo listo, hecho y fácil de consumir. Pero tardaron poco en darse cuenta que en la otra vereda, en el jardín de internet, el pasto era más verde y la gente tenía más posibilidades de crear.

Nuevamente, amateurs, científicos y académicos articulaban en un espacio que contaba nada más que con un puñado de estándares una red libre, abierta y que podía correr código, para cualquiera que lo escriba. Una vez más, la posibildiad de hacer e innovar estaba al alcance de la mano. Gracias a esta doble generatividad, de PCs programables por cualquiera y una red abierta a aplicaciones y servicios, tenemos el ecosistema digital de hoy.

La tecnología no es neutral

Pero bien, con estas posibildiades y con la generatividad cualquiera puede hacer su propio uso. Aquí es donde Zittrain comienza a vislumbrar el argumento central del libro: el dilema de la generatividad. Más temprano que tarde llegan el spam, los virus, los botnets, las computadoras zombies, el malware, el phishing, los robos de identidad, los DDoS, los ataques, las infecciones y otros males que nos hacen pensar si es buena idea seguir conectado, compartiendo datos y dejando el ordenador prendido.

Si bien por pasajes puede parecerlo, al final no peca de apocalíptico. En base a lo anterior pone sobre la mesa el problema que puede llevar esto para todos los usuarios y el futuro mismo de la red. Según Zittrain, la red lleva en su mismo origen el posible gérmen de su destrucción: la generatividad y su dilema. Con la masificación del acceso, las conexiones always-on y las pocas barreras en cuanto al conocimiento necesario para usar un ordenador hoy, la red podría colapsar si no se toman decisiones de seguridad para el futuro.

En consecuencia, advierte dos situaciones que no son ni más ni menos lo que atravesamos hoy:

  • Por un lado, cada vez están teniendo una mayor presencia en el ecosistema digital los dispositivos cerrados y estériles (tethered appliances), que ofrecen una mayor seguridad, pero resignando generatividad. Estos equipos no generativos pueden hacer o cumplir las tareas de muchas que se hacen habitualmente con un ordenador “plenamente” generativo. Ejemplos de estos casos son los móviles, las consolas, los smartphones, Iphone-Ipods, el Amazon Kindle, entre otros. Lo malo de estos dispositivos, según Zittrain, es que pueden ser remotamente inhabilitados o reconfigurados por sus fabricantes, y ni hablar de la privacidad de los datos que en él se portan. ¿Te gustaría encender un día tu dispositivo y que haya sido reconfigurado?
  • La masividad de los servicios de internet y la fiebre dospuntocerista están haciendo que de la PC ya sólo se utilice el browser. Se está migrando hacia una sola e imperante interfaz ordenador-usuario que es un navegador web. Esto lleva al peligro de que por un lado, vayamos volcando cada vez más nuestros datos a third-parties que no tienen respaldo físico, y que estén a merced de las pautas de servicio que estos proveedores tienen, un “beta permanente”. En esto Zittrain es claro: un browser no es un ordenador y es un error pensar que el futuro de éstos está en un browser.

Entonces, ¿Hacia dónde pueden converger estas dos tendencias?. Según Zittrain esto nos puede presentar graves consecuencias:

  • Que se reduzcan las oportunidades para la generatividad. Esto nos lleva a reducir la innovación y el control de la red por parte de los usuarios. Cada vez se delega más en los servicios y en las condiciones que los proveedores disponen, y a su vez se confía más en los dispositivos estériles que pueden ser modificados remotamente (el caso del Iphone y los derechos de Apple es uno de ellos).
  • Que se acreciente la regulación y control sobre otras capas no técnicas. Estos dispositivos cerrados son mucho más permeables a la regulación y el control de operadoras y fabricantes, pudiendo ingrsar en terrenos de poder y control donde hoy no están. Zittrain deja entrever que el problema está en no dar la oportunidad a que ingresen a regular agentes que hoy no lo hacen.

Cómo detener este futuro

Sin duda, aventurarse a dar una solución a este problema excede la capacidad y voluntad de cualquier mortal, y Zittrain no es ambicioso en sus soluciones. Para darnos una pauta de cómo puede sortearse este dilema de generatividad-seguridad y emprender una vía sostenible para el desarrollo de internet y sus espacios, realiza una inteligente analogía con el ordenador XO, el famoso portátil de los cien dólares por niño.

Según el autor este dispositivo combina y regula de una manera prudente el dilema entre generatividad y seguridad, consiguiendo ese término medio virtuoso. Por un lado provee herramientas para que los niños innoven, compartan y creen colectivamente, mientras que por otro tiene una serie de tecnologías que impiden distribuir un virus, infectar otros periféricos o inhabilitarse si se denuncia su robo. Este ejemplo, señala Zittrain, puede servir de ejemplo para generar dispositivos que no resignen la generatividad que hizo posible mucho de lo que conocemos hoy. Dispositivos abiertos pero seguros, que permitan correr y generar innovación en ellos, pero más resguardado. La clave entonces, conseguir ese equilibrio.

Más allá del dispositivo o la tecnología material, el autor apela también a una toma de conciencia, a un advocacy, por parte de todos los que somos parte de este ecosistema digital. Tenemos que apropiarnos e identificarnos en él como miembros plenos y con responsabilidades todos los días por su crecimiento, sostenibilidad y desarrollo. En esto, estoy plenamente de acuerdo con él.